IRMA MARTÍNEZ MANRÍQUEZ TRAICIONA AL SNTE Sección 2 DE BAJA CALIFORNIA.

Hay una hipocresía flagrante en la historia reciente del magisterio mexicano: las peores puñaladas a sus derechos laborales han venido de traidores internos, de aquellos que se forjaron en sus filas pero, una vez en el poder, los venden sin remordimiento. Figuras que se jactan de su origen sindical, pero que en la práctica actúan como verdugos de sus propios compañeros. Uno de los ejemplos más descarados es el de Irma Martínez Manríquez, cuya carrera política huele a oportunismo disfrazado de lealtad al gremio.
Su trayectoria es un manual de ascenso sindical: senadora, diputada local y ahora, al frente de la Secretaría de Educación en Baja California, con el supuesto aval del SNTE. Espacios de poder que cualquier maestro honesto vería como trincheras para defender el salario digno, la estabilidad laboral y la seguridad social. Pero revisemos los hechos con frialdad, dice el profesor Roberto Bobadilla, en pagina personal.
Además de cómo olvidar que su grupo de "amiguitas", trataron mal a los que les apoyaran para que llegaran al poder, en la Sección 2; hubo a quienes utilizó y luego los rechazó por no estar de acuerdo con malos manejos; simplemente haciéndolos a un lado. Sin embargo; no pudieron combatir contra quienes son líderes natos y que ahora, en estos tiempos son candidatos idóneos para ocupar el cargo principal de Secretario General de la sección.
Argumenta que sin el velo de la retórica vacía: su historial es un rosario de traiciones que han erosionado sistemáticamente los pilares del magisterio.
Retrocedamos a 2007. La reforma a la Ley del ISSSTE, impulsada por un gobierno neoliberal, desmanteló el sistema solidario de pensiones y lo reemplazó por cuentas individuales atadas a los caprichos del mercado financiero. ¿El resultado? Jubilaciones inciertas, retiros postergados y una vejez precaria para miles de trabajadores del Estado, incluidos los maestros que dedican su vida a formar generaciones. Esta fue la semilla de la pauperización, y Martínez, en su rol político, no alzó la voz para detenerla; al contrario, su silencio y complicidad formaron parte del engranaje que la hizo posible.
Luego, en 2013, llegó el golpe maestro: la reforma educativa de Enrique Peña Nieto, un asalto frontal al magisterio disfrazado de “modernización”. En Baja California, el Congreso local la armonizó con votos complacientes, y ahí estaba Irma Martínez como diputada, levantando la mano a favor. No fue solo una evaluación docente impuesta; fue el inicio de una era de inestabilidad laboral, despidos arbitrarios y un conflicto eterno entre el Estado y los educadores. ¿Dónde quedó la solidaridad sindical? Enterrada bajo ambiciones personales.
Y el patrón persiste, como una mala hierba que no se erradica. Hoy, desde su despacho en la Secretaría de Educación estatal, Martínez firma lineamientos publicados en el Periódico Oficial de Baja California sobre pagos de nóminas extraordinarias. ¿Qué dicen?
Que los adeudos laborales trabajo ya realizado, sudor ya derramado pueden evaporarse si no se reclaman en un ridículo plazo de un año, y además, condicionados a la “disponibilidad presupuestal”.
En palabras crudas: el Estado se reserva el derecho de robar lo que debe, amparado en burocracia y excusas fiscales. Es un atropello directo a la dignidad de los maestros, que ven cómo sus derechos se convierten en limosnas sujetas a caprichos administrativos.
Este hilo conductor reforma de pensiones, reforma educativa, reglas administrativas predatorias revela un patrón innegable y repugnante: cada intervención de Martínez ha contribuido a despojar al magisterio de sus conquistas históricas. Derechos laborales mermados, seguridad social en ruinas, condiciones económicas que rozan la miseria. ¿Coincidencia?
No: es traición sistemática.
Es hora de formular la pregunta sin anestesia: ¿Cómo carajos es posible que políticos salidos del magisterio, nutridos por el sindicalismo docente, terminen avalando medidas que pauperizan a sus pares? ¿Qué tipo de cinismo permite que se suban al podio con discursos de “defensa del gremio” mientras firman su sentencia de muerte? El SNTE, que supuestamente la respalda, debería mirarse al espejo: ¿Esto fortalece al sindicato o lo debilita? ¿Hicieron la apuesta correcta?
El magisterio mexicano y en particular el de Baja California no necesita charlatanes que invoquen su origen solo para campañas electorales.
Exige autoridades que, en el momento de la verdad, defiendan con uñas y dientes a quienes sostienen las escuelas públicas contra viento y marea. Porque la historia, vista sin filtros, deja una lección amarga e ineludible: no todos los que vienen del magisterio gobiernan para él.
Algunos y, esta es la verdadera tragedia: gobiernan contra él, vendiendo a sus hermanos por un puñado de poder. Es tiempo de desenmascararlos y exigir cuentas. "El futuro de la educación pública depende de ello", reafirma el Maestro Roberto Bobadilla Marrón.
