Rafael Michel
La indisciplina y no obedecer fue el error que cometió Max Arriaga Navarro, quien fue destituido como jefe de Materiales Educativos de la Secretaria de Educación Pública y que su lugar es ocupado por la profesora Nidia López, esto debido a que el nuevo gobierno y el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, propusieron actualizaciones a los libros para corregir errores e incluir nuevos temas, entre ellos lenguas indígenas y el papel fundamental de las mujeres en la historia. El susodicho no quiso aceptar sugerencias, olvidando que era un subordinado “de angora”.
Marx Arriaga se negó. Se le informó que no seguía en el puesto, se le ofreció otro encargo; se designó a Nadia López, pedagoga y poeta, como encargada de la dirección de Materiales Educativos y Arriaga se atrincheró cuatro días en una oficina que no es suya. El exz director general de materiales educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Marx Arriaga, cumplió 100 horas atrincherado en su oficina, pese a haber sido destituido oficialmente días antes por las autoridades educativas.
La revista proceso y el periódico la Jornada, hacen referencia de datos muy importantes que descencadenaron los hechos en despidos.
Por ejemplo, oficios firmados por la subsecretaria de Educación Básica, Angélica Noemí Juárez Pérez, fechados entre el 22 y 28 de octubre últimos, revelan que los cambios a los libros de texto gratuitos (LTG) ordenados a Marx Arriaga Navarro, recién destituido de la Dirección General de Materiales Educativos (DGME), van más allá de la incorporación de las mujeres en los textos de historia, como lo sostuvo la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en su conferencia mañanera de este 16 de febrero pasado.
En un intercambio de oficios entre ambas instancias gubernamentales federales, a los que Proceso tuvo acceso, se da cuenta que el conflicto que derivó en el despido y atrincheramiento de Arriaga Navarro en su oficina de la SEP se originó desde octubre último.
La dependencia y su titular, el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, emitieron comunicados en los que explicaron que el procedimiento de notificación fue de carácter administrativo y se realizó con apego a la normativa aplicable. Este lunes se cumple el plazo para que el ex funcionario deje el inmueble. Arriaga es doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, institución en la que también obtuvo el diploma de estudios avanzados. Además, cuenta con el grado de maestro en Teoría Literaria y licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma Metropolitana.
Durante más de una década se desempeñó como profesor e investigador en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ). En ese periodo participó en distintos proyectos académicos y de innovación educativa. En 2013, a solicitud de la Rectoría, presentó ante el Comité Académico el rediseño curricular de la Licenciatura en Literatura Hispanomexicana, además de desarrollar propuestas como el diseño de recursos informáticos para la didáctica de la literatura bajo el modelo de competencias y materiales para incorporar a escritores chihuahuenses en la enseñanza primaria en Ciudad Juárez.
Al profesor Arraiga se le olvidó la historia del libro, pues en 1959, el entonces presidente de México, Adolfo López Mateos, fundó mediante un decreto la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg), con el objetivo de elaborar, editar, imprimir y distribuir libros de apoyo educativo para la primaria en todo el país. El proyecto fue impulsado por Jaime Torres Bodet, secretario de Educación Pública en aquel sexenio, ante la necesidad de garantizar el derecho a la educación, uno de los pendientes de la Revolución Mexicana.
A inicios de 1960 se entregaron los primeros libros de texto gratuitos; sus portadas tenían obras de arte nacionalista, como la imagen de La Patria, de Jorge González Camarena. Niñas y niños estudiaban y jugaban al lado de representaciones de heroínas y héroes nacionales mediante la interpretación que de ellos construyeron distintas corrientes artísticas. Durante el periodo neoliberal, el principio revolucionario de garantizar la educación como un derecho se perdió frente al negocio con que una encopetada corte de funcionarios y editores se llenó los bolsillos de dinero.

La Conaliteg se desvió de su misión educativa para convertirse en un negocio privado. La contratación de empresas surtidoras de papel y de maquila o imprenta implicó la adjudicación directa a una industria que obtuvo miles de millones de pesos sin siquiera cumplir con los procesos legales de consulta ni la aprobación de los planes de estudio. Creció la brecha entre la educación privada y la pública; no se superaron las desigualdades y las mejores oportunidades educativas se concentraron en poblaciones con mayores recursos, es decir, en las minorías.
Hubo crecimiento exponencial de la educación privada, en particular a nivel superior, al ser escuelas de paga las que atendían a 35 por ciento de la matrícula universitaria. El modelo educativo se centró en generar ingresos, en ser un negocio; la pedagogía pasó a un segundo término.
Durante el último año de los gobiernos neoliberales en México, el país ocupó el penúltimo lugar en la prueba PISA 2018 con puntajes muy por debajo del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos en matemáticas y ciencias. Con la llegada al gobierno de la Cuarta Transformación se reformó el modelo educativo mediante la Nueva Escuela Mexicana, que coloca al estudiante al centro del proceso educativo e involucra no sólo a los alumnos, sino también a maestros, padres de familia y a la comunidad en el proceso de enseñanza. Una respuesta para combatir la exclusión y evitar que las diferencias culturales se conviertan en desigualdades.
Se modificaron los libros de texto bajo una visión crítica y comunitaria, proyecto que estuvo a cargo de Marx Arriaga como director general de Materiales Educativos, y que en su momento atendió varios pendientes, entre ellos posicionar a los maestros como actores centrales en la educación, incentivar habilidades creativas, visibilizar las brechas sociales y reconocer las diversidades sociales. Ello implicó un primer pero no único paso, uno de muchos que deben darse, que no estuvo exento de errores que deben corregirse.
Es necesario que los libros de texto sean dinámicos, que se actualicen, lo que responde a la evolución de la sociedad, al impacto acelerado de la tecnología; permite adaptar el contenido a las necesidades de aprendizaje de los alumnos y a los nuevos planes de estudio, y fundamental, eliminar errores y garantizar una enseñanza sin sesgos.
En 2024, la mayoría del pueblo de México decidió dar continuidad al proyecto de la 4T, iniciar su segundo piso. Mandató que Claudia Sheinbaum sea la primera mujer presidenta de la nación. Es tiempo de mujeres en un país muy distinto al que era en 2018.

Max Arriaga pretendió ampararse en el obradorismo, pero ni lo entiende ni lo promueve, sino que intenta en el absurdo acomodarlo a sus delirantes intenciones. No hay manera en la que alguien defienda al obradorismo al tiempo en que trata de hacer daño al proyecto que continúa lo que fundó. Se asume Marx Arriaga como dueño de la transformación, cuando la auténtica esencia del movimiento reside en la revolución de las conciencias del pueblo de México. Atrincherado en el mareo de su soberbia, busca provocar un enfrentamiento y con ello victimizarse, cuando el único victimario al que se enfrenta es a él mismo. Los libros de texto ya entraron a revisión minuciosa para quitar y anexar nuevos temas que le gustaría a la licenciada Claudia Sheinbaum, Presidenta de México, se incluyan.
