Autor: Elías Camhaji Medio: El País
El expresidente y candidato republicano escala su retórica contra los carteles mexicanos y condiciona la soberanía del país vecino a la erradicación del flujo de fentanilo.
Donald Trump ha vuelto a poner a México en el centro de su diana electoral. En un mitin de campaña celebrado este miércoles, el expresidente estadounidense ha retomado una de sus promesas más polémicas y agresivas: la intervención directa de las fuerzas armadas de Estados Unidos en territorio mexicano para combatir a los carteles de la droga. Bajo la premisa de que el Gobierno de México ha perdido el control de vastas zonas del país, Trump ha lanzado un ultimátum que resuena con fuerza en ambos lados de la frontera.
“Si ellos no hacen el trabajo, nosotros lo haremos. No podemos permitir que estos carteles sigan matando a cientos de miles de nuestros ciudadanos con fentanilo mientras el Gobierno de México mira hacia otro lado o, peor aún, colabora con ellos”, afirmó el republicano ante una multitud enardecida. Trump aseguró que, de volver a la Casa Blanca, clasificará a los grupos delictivos mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras, lo que le otorgaría un marco legal para ordenar ataques con drones o despliegues de fuerzas especiales.
La retórica de Trump no es nueva, pero ha adquirido un tono más sombrío tras los recientes escándalos políticos que han sacudido al noroeste de México. El candidato republicano hizo alusión implícita a los señalamientos del Departamento de Justicia contra altos funcionarios estatales en Sinaloa y Baja California, utilizando estos casos como prueba de lo que él denomina un "narcoestado" que amenaza la seguridad nacional de Estados Unidos.
La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha respondido con cautela pero firmeza, reiterando que la soberanía de México no es negociable y que cualquier colaboración en materia de seguridad debe darse bajo los principios de respeto mutuo y cooperación internacional. Sin embargo, en Washington, la presión sobre la Casa Blanca para endurecer la postura frente a la crisis del fentanilo crece día con día, alimentada por los sectores más conservadores que ven en la intervención militar una solución viable.
Los analistas advierten que estas declaraciones forman parte de una estrategia para movilizar al voto más duro del Partido Republicano, pero subrayan el daño que causan a la relación bilateral. Trump ha dejado claro que su plan de seguridad no se detiene en la frontera. “México es un país maravilloso, pero está siendo destruido por gente muy mala. Vamos a limpiar ese desastre, con o sin su ayuda”, sentenció.
A medida que se acercan las elecciones en Estados Unidos, la estabilidad de México se convierte en un activo de cambio en la política interna estadounidense, dejando la diplomacia en un segundo plano frente a los tambores de una intervención que, aunque compleja legalmente, domina el discurso de la derecha norteamericana.
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